Esta donación para la preparación de proyectos tiene por objeto diseñar un proyecto destinado a reforzar los sistemas de respuesta, trazabilidad y vigilancia fitosanitaria en el sector del banano y el plátano en Bolivia, Colombia, el Ecuador y el Perú. Al evaluar y desarrollar soluciones digitales, incluidas las herramientas para mejorar la trazabilidad de los materiales vegetales de plantación, apoyar la sensibilización de los agricultores y permitir la detección temprana de enfermedades, la donación para la preparación de proyectos reforzará la capacidad de los productores y organizaciones nacionales de protección fitosanitaria para la vigilancia y la toma de decisiones. Sobre la base de estas constataciones, se espera que la donación oriente una propuesta específica de proyecto para ayudar a salvaguardar la productividad, proteger los mercados de exportación y sostener los ingresos de los productores.
Los bananos y los plátanos se encuentran entre los cultivos alimentarios más importantes del mundo, ya que contribuyen a la seguridad alimentaria, los medios de subsistencia rurales y los ingresos por exportación. Aunque solo alrededor del 16% de la producción mundial se destina al comercio mundial el 84% restante se consume a nivel local, lo que hace que suponga una fuente fundamental de nutrición e ingresos para millones de personas. En América Latina y el Caribe, varios países se encuentran entre los principales exportadores del mundo, con el Ecuador como el mayor exportador de bananos convencionales y orgánicos, y el Perú como tercer exportador principal de bananos orgánicos.
Pese a su importancia social y económica, el sector se enfrenta a importantes desafíos fitosanitarios que amenazas la productividad, el comercio y los ingresos. Las enfermedades altamente destructivas del banano, incluidas la Fusarium Raza 4 tropical (R4T), la Sigatoka negra y el Moko, pueden propagarse rápidamente y causar graves pérdidas de rentabilidad que son difíciles de revertir. En el Perú, alrededor de 1.500 hectáreas se ven afectadas por la R4T, y en el caso del Ecuador, se han destruido más de 3.200 hectáreas por el Moko, lo que ha reducido los volúmenes de exportación y ha amenazado los ingresos de los productores.
La debilidad de la trazabilidad del material vegetal de plantación, la limitada detección temprana de brotes epidémicos y las limitaciones de capacidad dentro de las organizaciones nacionales de protección fitosanitaria agravan aún más el riesgo de propagación de enfermedades y perturbaciones del mercado.